Las masificaciones y las despersonifaciones
Ya entrado el siglo XX, Freud explicaba como el sujeto hace masa, tanto como mecanismo de producción del yo, así también como el efecto que se da entre las masas y el líder. Sin entrar en grandes explicaciones, en el primer caso, hace referencia a que el sujeto, para constituirse como tal, se va identificando con los demás y también con su propia imagen en el espejo, lo cual lo llevo a decir que toda psicología es, por lo tanto, psicología social. En el caso de las masas y su líder, explica el mecanismo por el cual, las masas depositan en el lugar de su ideal a la imagen del líder, lo cual produce tanto una identifición vertical con éste, como también un identificación horizontal entre los pares, lo cual produce un efecto de masificación.
Saliendo del plano científico, es propio del sentido común, saber que muchas de los sentimientos y de las acciones que se producen en grupo, difícilmente podrían concebirse fuera de esos espacios. El estar con otros similares potencia la posibilidad de las singularidades de expresar sus pasiones: Una tribuna insultando a un equipo en un estadio de fútbol, el que se vayan todos y los cacerolazos, varios autos tocando la bocina para que suban las barreras del peaje o miles de adolescentes enloquecidas por un grupo pop de jóvenes estadounidenses vírgenes, son situaciones que logran darse fundamentalmente por la potencia que tienen los colectivos, y resulta difícil imaginarse a los individuos en soledad llevando adelante algunos de estos actos.
Sin duda, en el efecto masa, hay algo del sujeto que se potencia como también hay algo que se pierde. Las masas hacen que el sujeto pueda expresarse más directamente, más impulsivamente, dejando de lado cierta racionalidad. Pero así como abren un espacio para el despliegue de dichas emociones, también producen cierta homogenización. Parece que estos grupos piensan, sienten y actúan todos por igual, como si fueran una sola gran persona, sin diferencias, al estilo de una secta.
Veamos de qué modo se aplica esto y cuál es el uso que se hace en la actualidad del efecto masa. Pienso principalmente en dos campos: el político y el de los medios de comunicación.
Borges decía que la democracia es un abuso de la estadística. La estadística es un abuso del efecto masa. En los estados modernos, ya nadie cuestiona el modo en que se calculan los pobres y los indigentes. Hay una línea, que es un parámetro económico, que determina, a partir de una canasta básica (un tanto arbitraria), quienes son los pobres, quienes son los indigentes.
Las movilizaciones oficialistas y antioficialistas, son competencias para ver quien tiene mayor representatividad. Al parecer, aquellos implicados en dichos actos, serían una muestra de una población mayor, donde tanto los presentes como los ausentes, sostienen y apoyan todos un modo exacto de pensamiento. Los medios de comunicación se convierten entonces, en los arbitros que determinan a partir de qué cantidad de personas, la marcha realmente es representativa.
Hay cierto descreimiento en las elecciones, porque se piensa que una gran parte del electorado no tiene la capacidad para elegir. No tengo información acerca de la compra de votos, seguramente exista, pero más allá de eso, suelen hacerse totalizaciones donde se cree que ciertos sectores, generalmente identificados con las clases bajas, regalan sus votos a cambio de algún bien. "Falta educación", dicen los de la vereda de enfrente y de este modo desprestigian el valor de los votos de la mayoría. Es llamativo, porque los candidatos que representan a estos que se reconocen a sí mismos como personas educadas y con capacidad de voto, se destacan en sus campañas electorales, más por sus carteles luminosos, por sus propagandas con músicas emotivas (más propias de una película hollywodense), a fin de cuentas, por la imagen que muestran, que por sus proyectos y propuestas. ¿Dónde quedó la educación entonces?
En fin, se me ocurren varios ejemplos más que voy a dejar de lado, pero que hacen también a este exceso sobre el efecto masa. ¿Dónde quedaron las singularidades, la capacidad para diferenciarse de lo mismo? Es llamativo, porque si bien por un lado la posmodernidad apunta a producir individuos bien individuales, bien separados, donde las relaciones son cada vez más virtuales, donde las causas de nuestros triunfos y fracasos suelen aparecer siempre como propias (y en esto el psicoanálisis tiene mucho que ver), donde se tiende mucho al aislamiento, a la división del trabajo y a la alienación; también aparecen estos efectos masificadores que producen iguales homogenizados. Al parecer, ambas corrientes tenderían a ser contradictorias, pero son dos motores que tiran para el mismo lado: aislamientos y masificaciones, producen despersonificaciones.
lunes 25 de mayo de 2009
miércoles 13 de mayo de 2009
Hace pocos días, dando una de mis charlas acerca de prevención de accidentes de tránsito, surgió un debate con uno de los participantes. Venía yo hablando de los excesos de velocidad y de su ubicación primerísima en el listado de causas de accidentes, cuando el sujeto me interrumpió para hacer sobradamente el siguiente comentario:
- A ver, yo te hago una pregunta. ¿Por qué las empresas hacen autos que van a 200 km/h si la máxima es 130 km/h?
(Vale aclarar que este tipo de interrogantes son muy comunes y de escasa originalidad en estos espacios).
- Yo te hago otra pregunta a vos. Le respondí. ¿Quién es el que decide pisar el acelerador del auto? ¿Vos o la empresa automotora?
- Nosotros, yo.
- Creo firmemente que los hombres somos capaces de autodeterminarnos. Nosotros somos responsables de lo que hacemos. Nosotros nos hacemos cargo de nuestros actos.
- Sí, pero hay otros que se encargan de hacerle hacer a otros lo que ellos quieren.
(Interesante respuesta por parte del señor, sigue con la misma línea de su primera pregunta, pero al menos muestra cierta originalidad. Sin embargo, se observa como él se autoubica fuera del grupo de los dominados)
- ¿Vos fumás? Le pregunta otro desde la otra punta.
- Sí, fumo ¿Qué tiene que ver? Le respondió el boicoteador.
(Si le pedía un pucho me tentaba)
- ¿Vos sabés que fumar te hace mal no? Sin embargo, lo hacés igual.
Rápidamente surgió un murmullo generalizado que me obligó a detener la discución filosófica-automovilística y a continuar con el cronograma de mi charla. Sin duda, la intervención del tercero logró hacer efecto en el otro, ya que éste último se calló y se vio en su rostro un rastro de incertidumbre. Sin embargo, vale destacar que ese comentario, si bien lo hizo callar (lo cual para mí, en el rol de instructor, me fue útil) terminó dándole la razón. El silencio se debió solamente a que le hizo entrar en razón de que él también forma parte del grupo de la "gente" que supuestamente está influenciada por el afuera (marketinero en este caso), idea que él sostenía.
En cuanto a mí, sigo creyendo profundamente que los hombres tenemos la capacidad de autodeterminarnos. Sólo que una gran mayoría prefiere no hacer uso de ella. Es más sencillo ser sujetos pasivos y determinados por el afuera, que tomar las riendas de la situación y hacerse cargo del propio deseum.
- A ver, yo te hago una pregunta. ¿Por qué las empresas hacen autos que van a 200 km/h si la máxima es 130 km/h?
(Vale aclarar que este tipo de interrogantes son muy comunes y de escasa originalidad en estos espacios).
- Yo te hago otra pregunta a vos. Le respondí. ¿Quién es el que decide pisar el acelerador del auto? ¿Vos o la empresa automotora?
- Nosotros, yo.
- Creo firmemente que los hombres somos capaces de autodeterminarnos. Nosotros somos responsables de lo que hacemos. Nosotros nos hacemos cargo de nuestros actos.
- Sí, pero hay otros que se encargan de hacerle hacer a otros lo que ellos quieren.
(Interesante respuesta por parte del señor, sigue con la misma línea de su primera pregunta, pero al menos muestra cierta originalidad. Sin embargo, se observa como él se autoubica fuera del grupo de los dominados)
- ¿Vos fumás? Le pregunta otro desde la otra punta.
- Sí, fumo ¿Qué tiene que ver? Le respondió el boicoteador.
(Si le pedía un pucho me tentaba)
- ¿Vos sabés que fumar te hace mal no? Sin embargo, lo hacés igual.
Rápidamente surgió un murmullo generalizado que me obligó a detener la discución filosófica-automovilística y a continuar con el cronograma de mi charla. Sin duda, la intervención del tercero logró hacer efecto en el otro, ya que éste último se calló y se vio en su rostro un rastro de incertidumbre. Sin embargo, vale destacar que ese comentario, si bien lo hizo callar (lo cual para mí, en el rol de instructor, me fue útil) terminó dándole la razón. El silencio se debió solamente a que le hizo entrar en razón de que él también forma parte del grupo de la "gente" que supuestamente está influenciada por el afuera (marketinero en este caso), idea que él sostenía.
En cuanto a mí, sigo creyendo profundamente que los hombres tenemos la capacidad de autodeterminarnos. Sólo que una gran mayoría prefiere no hacer uso de ella. Es más sencillo ser sujetos pasivos y determinados por el afuera, que tomar las riendas de la situación y hacerse cargo del propio deseum.
jueves 12 de marzo de 2009
Los Sellos
Sello. Ese es mi trabajo. Me he convertido en un empleado que se encarga de poner sellos en diversos documentos. Golpeo el tintero y lo emperno en la hoja. Una vez que la tinta roja o negra queda adherida, la vida del propietario de aquel papel queda modificada para siempre: el nombre de Jorge Contreiras, de ahora en más y hasta la eternidad, irá acompañado de un APROBADO ... El alma queda sellada y marcada para siempre por una inscripción que se le impone, que no le es propia. No es él quien elige el color de la marca, ni la fuente, ni siquiera la inscripción. Es un golpe seco que lo aplasta entre las dos realidades: la que con violencia le viene de arriba y la firme en donde se apoya. Y luego su destino será el del montón. Miles y miles de certificados que se apoyan uno arriba de otro de manera ordenada en miles y miles de cajas azules que guardan dentro de ellas de manera ordenada más y más papeles. Todos ubicados de la misma forma y marcados con el mismo sello. Se imaginarán que al ser tantos, dicha estrategia de orden nos facilita la manipulación y el manejo de los certificados. Les aseguro que hasta el que tiene la fecha más antigua, con los bordes amarillos y desgastados, aún conserva en perfecto estado el color del sello. Algunas veces vienen algunos a quejarse de que su original no lleva la marca correspondiente. Entonces chequeamos con nuestros registros para confirmar o rechazar su ingreso al círculo tan preciado de los sellados y de ahí en más permitir o no la libre circulación por el mismo. Y otras escasas veces, viene algún aparente-chiflado a pedir que se lo borremos. Si el señor persevera insistentemente y no escucha nuestras distintas estrategias para persuadirlo de que ser borrado de nuestro registro es una empresa prácticamente imposible (y absolutamente perjudicial para él), se nos está permitido hacerla entrega del duplicado para que haga con este lo que quiera. Es ahí cuando ese aparente-chiflado termina desencadenando totalmente su locura y una vez salido de los parámetros del buen gusto social, no nos deja otra alternativa que encerrarlo. Allí la tarea ya excede nuestra responsabilidad. Serán otros los encargados de entregarle su nuevo sello: loco, criminal.
Sello. Ese es mi trabajo. Me he convertido en un empleado que se encarga de poner sellos en diversos documentos. Golpeo el tintero y lo emperno en la hoja. Una vez que la tinta roja o negra queda adherida, la vida del propietario de aquel papel queda modificada para siempre: el nombre de Jorge Contreiras, de ahora en más y hasta la eternidad, irá acompañado de un APROBADO ... El alma queda sellada y marcada para siempre por una inscripción que se le impone, que no le es propia. No es él quien elige el color de la marca, ni la fuente, ni siquiera la inscripción. Es un golpe seco que lo aplasta entre las dos realidades: la que con violencia le viene de arriba y la firme en donde se apoya. Y luego su destino será el del montón. Miles y miles de certificados que se apoyan uno arriba de otro de manera ordenada en miles y miles de cajas azules que guardan dentro de ellas de manera ordenada más y más papeles. Todos ubicados de la misma forma y marcados con el mismo sello. Se imaginarán que al ser tantos, dicha estrategia de orden nos facilita la manipulación y el manejo de los certificados. Les aseguro que hasta el que tiene la fecha más antigua, con los bordes amarillos y desgastados, aún conserva en perfecto estado el color del sello. Algunas veces vienen algunos a quejarse de que su original no lleva la marca correspondiente. Entonces chequeamos con nuestros registros para confirmar o rechazar su ingreso al círculo tan preciado de los sellados y de ahí en más permitir o no la libre circulación por el mismo. Y otras escasas veces, viene algún aparente-chiflado a pedir que se lo borremos. Si el señor persevera insistentemente y no escucha nuestras distintas estrategias para persuadirlo de que ser borrado de nuestro registro es una empresa prácticamente imposible (y absolutamente perjudicial para él), se nos está permitido hacerla entrega del duplicado para que haga con este lo que quiera. Es ahí cuando ese aparente-chiflado termina desencadenando totalmente su locura y una vez salido de los parámetros del buen gusto social, no nos deja otra alternativa que encerrarlo. Allí la tarea ya excede nuestra responsabilidad. Serán otros los encargados de entregarle su nuevo sello: loco, criminal.
sábado 14 de febrero de 2009
Y tal vez no sea una rubia tarada la que me pregunta el por qué, ni tampoco la causa fue el trabajo, ni parecerme un poquito más a él, ni tampoco a este otro (aunque a veces me siento bastante solari), sin embargo la pregunta se repite una y otra vez y yo disfruto explicando que simplemente fue un error de cálculos, que nivel 7 no es lo mismo que nivel 1. Pero también me gustaría poder explicarles que el mundo ha cambiado para mí, ahora sé lo que es que el viento te hable en la nuca, aunque todavía, desafortunadamente, no aprendí a traducir esos soplidos altos y bajos, calientes y fríos, que rebotan una y otra vez sobre mí. Ay de nosotros cuando aprendamos a escucharlo, cuando sepamos entender qué nos quiere decir, cuando comencemos a obedecerlo y dejemos que lleve nuestros cuerpos volando hacia donde él quiera. Un poco de viento norte, otro poquito de sudestada, y a no sorprenderse: a a veces serán caricias cálidas, pero otras tantas serán como dagas heladas.
jueves 12 de febrero de 2009
No se nos ocurrió mejor idea que comprar dos diarios para amenizar las 30 horas de viaje en colectivo que restaban (ya habíamos estado con el culo en el asiento 20 horas). Tal vez el olor a diario nos haría escapar brevemente del fuerte olor a chicarrón que fraganciaba todo ese ecosistema de seres que intentaban hibernar durante la noche para pasar el frío sufrible que se colaba por los márgenes de las ventanas, y que durante el día intentaban disimular los movimientos de subeybaja que realizaba el bus por los caminos (que se hacían al andar) y de esta forma evitar el roce con el tapizado de las pieles y las camisas sudadas.
Y fue algo así como volver de una isla perdida donde no existe el progreso como lo entendemos nosotros, a saber: el papel no se puede tirar en el hinodoro, las puertas no se cierran con llave, los boletos te los reclaman al final del viaje, el almuerzo no se acompaña con bebida, los enchufes no se descargan a tierra, y por sobre todas las cosas, la información - en la era de la información - no circula tan rápidamente como nos tiene acostumbrados en las grandes metrópolis. Será que las conexiones a internet siguen siendo telefónicas o, como ya lo dije, los caminos no son muy amigos de la vertiginosidad con la que se mueven las noticias.
Las bombas cayeron todas juntas. El campo que quiere hacerle un paro a dios por la falta de lluvias, Duhalde habría aceptado ser el padrino de bodas de la nueva derecha opositora y muda, Israel aceptó un alto al fuego con la condición de circuncidar a todos los niños palestinos, habrían mulas que se tragan las monedas de 1 peso en las terminales de colectivos, al capo de Microsoft se le ocurrió dejar a 15 mil personas sin trabajo, Barack Obama no sería más que la continuación de Bush, es decir, la misma verga (pero más grande porque es negro). Por suerte me distraje entre algunos sudokus en los cuales no pude prosperar y unos cuentos de Masliah que me arrancaron alguna sonrisa.
La ciudad se prende fuego. Los precios suben, los salarios se congelan, los trabajos se reducen. Sin embargo no es el mundo entero el que se incendia. Es el centro el que se calienta cada vez más y más. El agite está en el centro. Porque en los extremos las cosas te rozan, no te tocan, pasan desaparecibidas. En los dos extremos, seguramente, el capo de microsoft, que juega al minigolf en su piso de Manhattan, no se entera que en un pueblo perdido de la Puna, el Señor Velazquez, sigue cobrando la docena de empanadas a $7.
Y fue algo así como volver de una isla perdida donde no existe el progreso como lo entendemos nosotros, a saber: el papel no se puede tirar en el hinodoro, las puertas no se cierran con llave, los boletos te los reclaman al final del viaje, el almuerzo no se acompaña con bebida, los enchufes no se descargan a tierra, y por sobre todas las cosas, la información - en la era de la información - no circula tan rápidamente como nos tiene acostumbrados en las grandes metrópolis. Será que las conexiones a internet siguen siendo telefónicas o, como ya lo dije, los caminos no son muy amigos de la vertiginosidad con la que se mueven las noticias.
Las bombas cayeron todas juntas. El campo que quiere hacerle un paro a dios por la falta de lluvias, Duhalde habría aceptado ser el padrino de bodas de la nueva derecha opositora y muda, Israel aceptó un alto al fuego con la condición de circuncidar a todos los niños palestinos, habrían mulas que se tragan las monedas de 1 peso en las terminales de colectivos, al capo de Microsoft se le ocurrió dejar a 15 mil personas sin trabajo, Barack Obama no sería más que la continuación de Bush, es decir, la misma verga (pero más grande porque es negro). Por suerte me distraje entre algunos sudokus en los cuales no pude prosperar y unos cuentos de Masliah que me arrancaron alguna sonrisa.
La ciudad se prende fuego. Los precios suben, los salarios se congelan, los trabajos se reducen. Sin embargo no es el mundo entero el que se incendia. Es el centro el que se calienta cada vez más y más. El agite está en el centro. Porque en los extremos las cosas te rozan, no te tocan, pasan desaparecibidas. En los dos extremos, seguramente, el capo de microsoft, que juega al minigolf en su piso de Manhattan, no se entera que en un pueblo perdido de la Puna, el Señor Velazquez, sigue cobrando la docena de empanadas a $7.
lunes 9 de febrero de 2009
jueves 18 de diciembre de 2008
Ante la pregunta "¿Quién sos?" solemos tener a mano una serie de referencias simbólicas que nos permiten encontrar una salida rápida ante tamaño interrogante. No sólo la persona que debe responder se beneficia con dichas referencias, sino que la sociedad en su totalidad tiene la posibilidad de ubicar a cada uno de sus miembros mediante nombres, descripciones físicas, números, fotografías, o cualquier de esos datos que uno encuentra entre las famosas "primeras dos" que tantas veces hemos fotocopiado.
Entonces:
¿Quién sos?
Yo soy Mariano.
¿Quién es Mariano?
Yo.
¿Quién es yo?
...
¿Qué es yo?
...
La pregunta es por el yo. Vamos a intentar definir que entendemos por el yo, o al menos que quiero entender yo por el yo en este texto. El yo es algo que nace por reflexión. Es decir, yo soy yo cuando pienso que soy yo. Ese "pienso" nos lleva inevitablemente al famoso filósofo que da a luz a la modernidad, René Descartes. El señor decía su famosa frase: "Cogito ergo sum", es decir, pienso luego soy (a veces traducida como "pienso luego existo"). ¿Por qué es tan famosa e importante esta frase?
Da comienzo a un nuevo modo de producción de subjetividad (por producción de subjetividad entendamos todo aquello que nos hace pensar, actuar, sentir y ser de determinado modo en determinado tiempo y en determinado lugar). Una subjetividad que aparentemente ES solamente cuando PIENSA. ¿Se comprende la magnitud de esta afirmación? Cuando yo pienso soy, cuando no pienso no soy.
Bienvenidos al mundo del racionalismo, la religión de los tiempos modernos. Será entonces la razón la que tome las decisiones, la que indique qué método de medicina es el correcto, qué religión es la que más se acerca a dios, qué modo de crianza es el más adecuado, qué sociedad tiene los mejores valores, qué estilo de vida es el más saludable. Y por sobre todas las cosas, lo que ya se dijo previamente, será la razón la que indique quién es el Yo.
Por suerte los siglos XIX y XX, entre tanto humanismo, nos da algunas luces (u oscuridades) para salir de esta encerrona racional. Aparecerá el inconciente freudiano que nos dice que hay algo que nos hacer ser sin que nosotros lo pensemos. Freud caerá por algunos momentos nuevamente en el mundo positivo con su exagerado determinismo psíquico, es decir, que todo lo que pensamos y decimos está determinado por el inconciente. Por suerte, cuando uno de sus amigos (o no tanto) le interpreta su adicción por los habanos, él dirá: a veces un habano es solamente un habano. Es que sí nuestro ser está determinado en su totalidad por el inconciente, nuevamente se caería en que solamente somos cuando pensamos... pensamiento inconciente en este caso.
Me estoy extendiendo demasiado y no voy hacia donde quería ir. Antes de escribir esto pensaba en cuánto tiempo en un día somos ese Yo pensante que tanto nos caracteriza y cuánto tiempo somos otra cosa. Sarte dice que cuando uno esta corriendo un tranvía, uno no piensa en que está corriendo un tranvía, sino que solamente lo corre. Luego, si alcanza el tranvía (o el colectivo) y se sube, podrá pensar: Qué bien! alcance el tranvía, hoy no voy a llegar tarde. Pero a decir verdad: ¿Cuánto tiempo del día estamos arriba del tranvía y cuánto tiempo lo estamos corriendo? Yo diría que la mayoría lo estamos corriendo, de hecho cuando nos subimos al colectivo o al subterráneo, no lo hacemos en una actitud reflexiva sino que somos ahí. Somos seres echados ahí en el subte. ¿Quién sos? Soy un pedazo de subte, un anexo del asiento del subte que viaja. Para Descartes entonces no somos nada, porque el ser nace con el pensar, con la reflexión decíamos nosotros. Pero acaso los momentos más plenos de nuestra existencia no son cuando no pensamos, cuando las cosas pasan por el cuerpo, por el ser, sin ser mediatizadas por el cogito cartesiano. Pensemos en el sexo, en el picadito con los amigos, en la música. Voy a terminar aquí, porque ya me duele la cabeza, de tanto pensar.
Entonces:
¿Quién sos?
Yo soy Mariano.
¿Quién es Mariano?
Yo.
¿Quién es yo?
...
¿Qué es yo?
...
La pregunta es por el yo. Vamos a intentar definir que entendemos por el yo, o al menos que quiero entender yo por el yo en este texto. El yo es algo que nace por reflexión. Es decir, yo soy yo cuando pienso que soy yo. Ese "pienso" nos lleva inevitablemente al famoso filósofo que da a luz a la modernidad, René Descartes. El señor decía su famosa frase: "Cogito ergo sum", es decir, pienso luego soy (a veces traducida como "pienso luego existo"). ¿Por qué es tan famosa e importante esta frase?
Da comienzo a un nuevo modo de producción de subjetividad (por producción de subjetividad entendamos todo aquello que nos hace pensar, actuar, sentir y ser de determinado modo en determinado tiempo y en determinado lugar). Una subjetividad que aparentemente ES solamente cuando PIENSA. ¿Se comprende la magnitud de esta afirmación? Cuando yo pienso soy, cuando no pienso no soy.
Bienvenidos al mundo del racionalismo, la religión de los tiempos modernos. Será entonces la razón la que tome las decisiones, la que indique qué método de medicina es el correcto, qué religión es la que más se acerca a dios, qué modo de crianza es el más adecuado, qué sociedad tiene los mejores valores, qué estilo de vida es el más saludable. Y por sobre todas las cosas, lo que ya se dijo previamente, será la razón la que indique quién es el Yo.
Por suerte los siglos XIX y XX, entre tanto humanismo, nos da algunas luces (u oscuridades) para salir de esta encerrona racional. Aparecerá el inconciente freudiano que nos dice que hay algo que nos hacer ser sin que nosotros lo pensemos. Freud caerá por algunos momentos nuevamente en el mundo positivo con su exagerado determinismo psíquico, es decir, que todo lo que pensamos y decimos está determinado por el inconciente. Por suerte, cuando uno de sus amigos (o no tanto) le interpreta su adicción por los habanos, él dirá: a veces un habano es solamente un habano. Es que sí nuestro ser está determinado en su totalidad por el inconciente, nuevamente se caería en que solamente somos cuando pensamos... pensamiento inconciente en este caso.
Me estoy extendiendo demasiado y no voy hacia donde quería ir. Antes de escribir esto pensaba en cuánto tiempo en un día somos ese Yo pensante que tanto nos caracteriza y cuánto tiempo somos otra cosa. Sarte dice que cuando uno esta corriendo un tranvía, uno no piensa en que está corriendo un tranvía, sino que solamente lo corre. Luego, si alcanza el tranvía (o el colectivo) y se sube, podrá pensar: Qué bien! alcance el tranvía, hoy no voy a llegar tarde. Pero a decir verdad: ¿Cuánto tiempo del día estamos arriba del tranvía y cuánto tiempo lo estamos corriendo? Yo diría que la mayoría lo estamos corriendo, de hecho cuando nos subimos al colectivo o al subterráneo, no lo hacemos en una actitud reflexiva sino que somos ahí. Somos seres echados ahí en el subte. ¿Quién sos? Soy un pedazo de subte, un anexo del asiento del subte que viaja. Para Descartes entonces no somos nada, porque el ser nace con el pensar, con la reflexión decíamos nosotros. Pero acaso los momentos más plenos de nuestra existencia no son cuando no pensamos, cuando las cosas pasan por el cuerpo, por el ser, sin ser mediatizadas por el cogito cartesiano. Pensemos en el sexo, en el picadito con los amigos, en la música. Voy a terminar aquí, porque ya me duele la cabeza, de tanto pensar.
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